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funlibre |
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Ponencia |
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Introducción Me llamó mucho la atención, que un artículo
referente de la investigación de ocio[1],
empezará de la siguiente manera: “Recientemente recibí un e-mail con las
siguientes reflexiones. La paradoja de
nuestra historia actual es que… gastamos mucho más dinero, pero hay menor
calidad en las cosas que nos ofrecen por él.
Tenemos más comodidades pero menos tiempo …más expertos y más
medicamentos pero menos bienestar.
Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores;
hablamos demasiado, amamos muy raras veces y odiamos muy fácil y frecuente. Hemos aprendido como ganarnos la vida pero
no, como tener una vida; agregamos años a la vida pero no vida a los años
…hemos aumentado en cantidad pero disminuido en calidad. Tenemos más tiempo para nuestros propósitos
de ocio pero los disfrutamos menos.
Comemos más comidas diferentes, pero nos nutrimos menos. Este es un tiempo en que la tecnología le
puede traer este mensaje y es un tiempo
en que usted puede elegir entre hacer una diferencia al tomarlo o simplemente
botarlo a la basura (autor desconocido). Cuáles son entonces las preguntas que en la
actualidad y hacia futuro tendrán que resolver las reflexiones y análisis
frente al ocio. Cuál debe ser el eje
aglutinador para un desarrollo adecuado del trabajo de investigación no sólo en
Colombia sino en el resto de países de América Latina, en la perspectiva del
desarrollo humano. En el informe de la misión de sabios Colombia al
Filo de la Oportunidad, se puede leer en el tomo I dedicado a la ciencia, la
educación y el desarrollo, que el 94% del número total de científicos
pertenecen al primer mundo, que a su vez representa el 23% de la población
humana y que el tercer mundo que representa el 77% de la población mundial,
sólo contribuye con el 6% de los científicos.
Sólo el 1% de los científicos del mundo son Latinoamericanos y de estos
sólo el 1% son Colombianos. Colombia
cuenta en la actualidad con 5000 científicos (180 por cada millón). Si tenemos en cuenta que la perspectiva de este
informe se dirige fundamentalmente hacia las ciencias duras, no sería un
despropósito considerar que el área del ocio, la recreación y el tiempo libre
carecen en Colombia, de un grupo consolidado de personas trabajando por un
adecuado desarrollo, que permita la construcción y consolidación de líneas de
trabajo hacia la interpretación de las manifestaciones del ocio y su relación
con la calidad de vida de las personas.
De igual manera, las características de nuestra sociedad Colombiana,
requieren a mi parecer de modelos y propuestas que apuesten más allá de las
líneas tradicionales de investigación del ocio, creadas para hacer
interpretación en sociedades, que las más de las veces, no responden a las
regularidades de nuestra sociedad. EL CONTEXTO DEL OCIO: UN REFERENTE DE VITAL IMPORTANCIA
La
tradicional relación del ocio con el desarrollo y de este con el desarrollo
económico, ha conducido también a que no sólo en Colombia sino en la mayor
parte de América Latina, el ocio no haya sido considerado como un fenómeno con
suficiente impacto, como para ser estudiado en la perspectiva de su aporte a la
calidad de vida de las personas, es decir, nuestros países al ser considerados
tercer mundo, no cuentan con las condiciones presupuestadas como necesarias
para la aparición del ocio. Quizás hoy
se siga pensando que el ocio y las condiciones necesarias para su aparición, no
sea pertinente sino para ciertos sectores de la población, aquella con
suficientes recursos para participar como consumidor en la industria del ocio. Hablar del desarrollo económico y del desarrollo humano lleva a pensar en un análisis de su relación y complementariedad. Se podría decir incluso, que el crecimiento económico conlleva al desarrollo humano, entendido este como la plena existencia de los seres humanos. Al menos este debería ser el objetivo de un adecuado desarrollo económico. Dos conceptos complejos, que encierra cada uno de ellos una amplia posibilidad de puntos de vista e interpretaciones y que, en la realidad, no han tenido la relación que se hubiera esperado. Una simple mirada retrospectiva, permitirá hacer un sencillo recorrido. El Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la Unesco, presenta, una interesante definición de desarrollo: ‹‹Cultura y desarrollo se han convertido en dos conceptos fundacionales que cubren una variedad de significaciones ambiguas y a veces confusas. Sin embargo, para los propósitos de este informe bastará limitarnos a dos concepciones distintas de desarrollo. Según la primera, el desarrollo es un proceso de crecimiento económico, una expansión rápida y sostenida de la producción, la productividad y el ingreso por habitante (algunos matizan esta definición insistiendo en una amplia distribución de los beneficios de este crecimiento). De acuerdo con la segunda, adoptada por el informe sobre desarrollo humano publicado anualmente por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y asumida también por un gran número de distinguidos economistas, el desarrollo se concibe como ‹‹un proceso que aumenta la libertad efectiva de quienes se benefician de él para llevar adelante cualquier actividad a la que atribuyen valor››[2]. El planteamiento frente a esta situación es si el ocio como fenómeno está influenciado por el modelo de desarrollo que impera en una sociedad, y, a su vez, la economía como disciplina central en la organización de las condiciones para dicho desarrollo presenta posiciones sobre la diferenciación de su estudio según las sociedades que se analicen, ¿no se debe pensar que igualmente el ocio como manifestación de tal sociedad debería asumir algunos referentes propios para su estudio en esas mismas sociedades? Y si es así qué otros posibles referentes además de los ya existentes pueden ser agregados para que se pueda dar cuenta de la realidad de este fenómeno en sociedades cuyas características son diferentes a las de las sociedades de referencia. En
palabras de Kelly “Quizá el cambio más
significativo sufrido por los estudios de ocio durante la última década haya
sido considerar el ocio como algo refutable.
Este cambio esta relacionado con otras perspectivas: el ocio como algo
socialmente imbricado en lugar de como algo separado o especial; el ocio que
incluye una diversidad de actividades que suponen una multiplicidad de
resultados; el ocio como aspecto culturalmente situado; el ocio como aspecto
político y el ocio como aspecto basado en los esquemas de producción y
distribución de una economía mundial capitalista. La naturaleza refutable del ocio suscita, asimismo, los antiguos
aspectos sociológicos de género y clase social y los asuntos culturales de raza
y etnia. El ocio no es un ideal
filosófico, sino un complejo conjunto de comportamientos, significados,
estructuras e ideologías socialmente construidos”[3]. Puede
entonces afirmarse que hoy más que dar cuenta de las diferentes manifestaciones
de ocio, aunque importante también, se debe plantear a la manera de Manuel
Cuenca Cabeza, la pregunta sobre ese tipo de ocio que en principio puede ser
justificado como necesidad y del cual dice: ‹‹ Cuando hablo de ocio no me refiero a la mera diversión, el consumo material,
el ocio pasivo o la simple utilización del tiempo libre. Aludo a un concepto de ocio abierto a
cualquier perspectiva presente y futura, pero al mismo tiempo, entendido como
marco de desarrollo humano y dentro de un compromiso social››[4]. Así
entendido el ocio y bajo la actual perspectiva de la relación entre ocio y
desarrollo humano, será necesario que gran parte de los esfuerzos se ubiquen en
las reales necesidades de nuestros ciudadanos, intentando identificar e
interpretar las regularidades que subyacen en los hábitos de la gente y su
relación con la construcción de mejores vidas humanas. Temas como ocio y pobreza, ocio y economía
informal, ocio y violencia, ocio y poblaciones desplazadas, etc., deben empezar
a ser analizados para allegar suficientes elementos que nos permitan aspirar a
desarrollar líneas de investigación, formación y gestión que respondan a las
condiciones de esta Colombia. Hoy es
posible afirmar que la industria del ocio no garantiza o mejor, no tiene una
relación directa con mejores condiciones de vida para las personas. Igualmente la afirmación de que el ocio no
es bueno en sí sino que sus diferentes manifestaciones pueden ser claramente
identificadas y ubicadas dentro de una categoría de mayor o menor aporte a la
calidad de vida nos debe prevenir contra análisis demasiado simples. EL OCIO Y SU RELACIÓN CON
EL DESARROLLO HUMANO:
EL ENFOQUE DE LAS NECESIDADES. El ocio o
alguna de sus manifestaciones han sido justificados como necesidad humana, por
ejemplo Joaquim Sempere citado por Riechmann[5]
la plantea desde el juego. Para otros
autores, que se pueden entender como estudiosos del desarrollo, como Marta
Nussbaum[6]
y Manfred Max-Neef[7], el juego y
la recreación para la primera y el ocio como necesidad humana para el segundo, parecen
justificar ese planteamiento de mirar al ocio como algo importante a la hora de
analizar la riqueza de una vida humana, o mejor, del bienestar humano. Autores mucho más relacionados con el tema
específico del ocio como Manuel Cuenca Cabeza afirman incluso la relación de la
experiencia de ocio con la naturaleza humana: ‹‹Me interesa la vivencia del ocio en cuanto experiencia enriquecedora, gratuita y solidaria. Experiencia necesaria de la naturaleza
humana, que nos permite restablecer el equilibrio físico y psíquico y nos abre
las puertas a la creatividad, la imaginación, la utopía, la contemplación y el
altruismo››[8]. Esto muestra que, a través del tiempo, el
ocio ya ha sido mirado desde la perspectiva de las necesidades. Para el cometido de encontrar una adecuada justificación del ocio como
necesidad humana, el planteamiento de Manfred Max-Neef, en su enfoque de
necesidades humanas, aparece como valioso.
Partiendo de la definición planteada anteriormente, sí el ocio es un
ámbito de la experiencia humana, tendrá que tenerse en cuenta una serie de
aspectos que condicionan de una u otra manera dicha experiencia humana. Un ejercicio de imaginación, al modo de Marta Nussbaum[9], puede servir de marco para desarrollar un ejemplo. Así pues, piénsese en un ser humano o una sociedad en donde las manifestaciones de ocio, cualquiera que ellas sean, no existen. Se pensará que dicho ser humano o dicha sociedad no son normales. Para apoyar este ejemplo en algún enfoque, dígase el de Dumazedier[10] de las funciones, pensar una vida humana sin actividades y espacios para el descanso, la diversión o el desarrollo, parece prácticamente imposible. Igualmente si lo que se utiliza son las dimensiones de Manuel Cuenca[11], siempre se encontrarán actividades que podrán ser ubicadas en alguna de ellas. Es más, si se analizara cualquier sociedad, grupo humano o vida personal, se encontrarían siempre actividades relacionadas con el ocio. Desde este planteamiento, parece posible pensar que el ocio a través de sus diferentes manifestaciones puede ser asumido como una necesidad humana, dado por supuesto que aquellas experiencias vividas como libres, placenteras y gratificantes son necesarias para una buena vida humana. Un breve recorrido por las diferentes declaraciones que tienen que ver con los derechos humanos parece confirmarlo, con la presencia del ocio como derecho humano. Lo interesante de esto, al parecer, es el hecho de que cuando se llega a un consenso sobre un determinado aspecto para ser considerado derecho humano, subyace el pensamiento sobre su carácter imprescindible para la vida humana. Es importante considerar que si bien definir el ocio como una necesidad humana es apenas un primer paso para su análisis, este debe ir acompañado de una relación entre una serie de variables que marcan su existencia y la particularidad de sus manifestaciones. En este
punto se recurre a la diferencia que hace Max-Neef entre necesidades y
satisfactores: Para este autor es un error el hecho de que tradicionalmente se
haya creído, que las necesidades humanas tengan una tendencia a ser infinitas,
a estar permanentemente cambiando, que varíen entre culturas y de acuerdo al
periodo histórico. Según Max-Neef estas
suposiciones no son correctas y son el resultado de un error conceptual. ‹‹El típico
error que se comete en la literatura y análisis acerca de las necesidades
humanas es que no se explicita la diferencia fundamental entre lo que son
propiamente necesidades y lo que son satisfactores de esas necesidades››[12]. Este planteamiento parece de vital
importancia a la hora de decir que si bien el ocio puede ser considerado como
una necesidad humana universal, los satisfactores necesarios para su
realización pueden ser diferentes de acuerdo con las particularidades de cada
sociedad. Para Max-Neef: ‹‹Son los satisfactores los que
definen la modalidad dominante que una cultura o una sociedad imprimen a las
necesidades. Los satisfactores no son
bienes económicos disponibles sino que están referidos a todo aquello que, por
representar formas de ser, tener, hacer y estar, contribuye a la realización de
necesidades humanas››[13]. Esta
definición contiene además un aspecto de suma importancia en lo que se refiere
a los satisfactores que pueden coadyuvar a que una necesidad humana como el
ocio pueda ser garantizada. Es el hecho
de la particularidad de cada sociedad para adoptar las formas como se intentan
satisfacer las necesidades. En palabras de Max-Neef: ‹‹cada sistema
económico, social y político adopta diferentes estilos para la satisfacción de
las mismas necesidades humanas fundamentales.
En cada sistema, éstas se satisfacen (o no se satisfacen) a través de la
generación (o no generación) de diferentes tipos de satisfactores (...) Uno de los aspectos que definen una cultura
es su elección de satisfactores. Las
necesidades humanas fundamentales de un individuo que pertenece a una sociedad
consumista son las mismas de aquel que pertenece a una sociedad ascética. Lo que cambia es la elección de cantidad y
calidad de los satisfactores, y/o las posibilidades de tener acceso a los
satisfactores requeridos(...) Lo que
está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales,
sino los satisfactores de esas necesidades.
El cambio cultural es —entre otras cosas— consecuencia de abandonar
satisfactores tradicionales para reemplazarlos por otros nuevos y diferentes››[14]. Este
planteamiento aporta a la claridad, en un fenómeno como el ocio, que muchas
veces confunde su existencia como derecho y necesidad humana con la forma como
se satisface. Es decir, cuando se
plantea que los mismos satisfactores sirven para todas las sociedades y grupos
humanos, independiente de sus condiciones sociales, económicas, políticas y
culturales. En el
camino de la explicación de los satisfactores, se encuentra otro punto
clarificador en lo que respecta al ocio.
Este tiene que ver con la tendencia del mundo del ocio a relacionar,
muchas veces de forma exclusiva, la posesión de bienes y servicios con la
satisfacción de la necesidad. Es decir,
el pensamiento de que las cosas por sí mismas garantizan la satisfacción de la
necesidad humana. Y no sólo se hace
referencia a objetos, sino a actividades y en muchos casos a actitudes. Sobre la
manera como funcionan los satisfactores, dice Max-Neef que la necesidad puede
ser satisfecha a niveles diferentes y con intensidades distintas. Estas necesidades pueden ser satisfechas en
tres contextos: en relación con uno mismo, en relación con el grupo social y en
relación con el medio ambiente. Anota
además que factores como el tiempo, el lugar y la circunstancia condiciona la
calidad e intensidad de los contextos[15]. En este sentido será necesario intentar
ubicar referentes generales que den cuenta no sólo de la circulación de bienes
y servicios sino además de otros elementos que permitan identificar aspectos
básicos necesarios para el desarrollo del ocio en una determinada sociedad. Diferentes
autores hablan hoy de conceptos de ocio que podríamos asociar con su calidad,
es decir, que ninguna actividad de ocio garantiza por si misma experiencias gratificantes y que incluso hay
algunas que se asocian con estados de
aburrimiento. Csikszentmihalyi, habla
del flujo como un estado óptimo de experiencia, incluidas las actividades que
pueden considerarse de ocio. Para
Stebbins, el concepto de ocio serio y ocio casual nos da cuenta de una mirada
que reconoce que no toda actividad de ocio potencia el desarrollo personal y
social. Para Cuenca, el ocio tiene una direccionalidad ya bien sea
positiva o negativa en términos tanto individuales como colectivos. De otra parte este mismo autor menciona el ocio autotélico del cual
afirma “ el ocio autotélico es el verdadero
ocio, es, en realidad, el único ocio que existe, el único que se hace realidad
en la vivencia de cada uno de nosotros.
A todos los demás ocios a los que se ha ido haciendo referencia se les
puede denominar de otro modo: vicio, ociosidad o mundo laboral del ocio. El ocio autotélico es el núcleo esencial, la
luz que ilumina el quehacer o la ausencia de los ocios. El ocio autotélico es, según se ha visto,
una experiencia vital, un ámbito del desarrollo humano, es aquella acción
interna o externa que, partiendo de una determinada actitud ante el objeto de
acción, descansa en tres pilares esenciales: percepción de elección libre,
autotelismo y sensación gratificante”. Nuestras
propuestas no sólo de investigación, sino de formación y gestión deberán tener
en cuenta esta perspectiva, no desde una posición de mera aplicación sino de
lectura atenta. Al final el desarrollo
del ocio se evaluará en términos de calidad de sus formas y del aporte a
mejores vidas humanas y mejores sociedades.
Es decir, no importará tanto el número y cantidad de ofertas, sino la
calidad de las mismas en términos de
libertad y posibilidad de desarrollo humano. Llegados
a este punto, la afirmación se dirige hacia el planteamiento de que la
investigación que hoy debe ser impulsada desde nuestros trabajos, deberá
dirigirse además de a los sectores de análisis que necesariamente influyen en
una mayor o menor calidad de la experiencia de ocio (tiempo disponible,
participación, hábitos, etc.), al análisis e interpretación de lo que la gente
hace y de como a través de la formación se puede construir formas más dignas y
favorecedoras del bienestar humano. Se
reconoce la enorme dificultad que se presenta a la hora de pensar en la
elaboración de indicadores para evaluar el aporte del ocio al bienestar
humano. Y es difícil porque no es sólo
el desarrollo del ocio lo que queremos evaluar, también se pretende mirar de
que manera este favorece o no el bienestar humano. LA IMPORTANCIA DE LOS SATISFACTORES EN EL DESARROLLO HUMANO En este
sentido encontramos referentes muy importantes en el Informe Mundial sobre la Cultura presentado por la UNESCO en
1998. En primer lugar se puede leer en este sentido a Terry
McKinley cuando para presentar su propuesta de indicadores culturales
dice: ‹‹Partimos de la hipótesis de que el verdadero banco de pruebas de una
cultura consiste en determinar si favorece o no el fortalecimiento de las
cualidades humanas y si contribuye a ampliar el abanico de elecciones que se ofrecen a cada individuo. Una
evaluación de estas características tendría que incluir varias dimensiones importantes. No se trata de evaluar el ‹‹desarrollo
cultural›› o, dicho de otra manera, no se busca determinar sí una cultura esta
más ‹‹desarrollada›› que otra. Puesto
que admitimos que las culturas son únicas y diversas, sería ilusorio tratar de
medirlas con un único rasero. Lo que queremos evaluar es su contribución
al bienestar humano, el cual posee las suficientes características comunes a
todas las culturas para que sea posible comparar la situación entre los
diferentes países››[16].
En este
mismo Informe y dirigido al mismo aspecto, encontramos el aporte de Prasanta
Pattanaik quien elige el enfoque de los
funcionamientos de Amartya Sen para hacer su propuesta de indicadores culturales: ‹‹Por
ejemplo puede afirmarse que la pintura de un periodo histórico es superior a la
de una etapa precedente, o que el ballet clásico posee un nivel cultural
superior al de los bailes populares. No
obstante, no nos ocuparemos aquí de juicios estéticos ni de la evaluación de
los niveles culturales.(...) Lo que nos
ocupa es la evaluación de los logros de las sociedades en lo que se refiere al
bienestar humano y, por tanto, nos interesaremos por factores sociales,
políticos, intelectuales y estéticos sólo en la medida en que sean partes
integrantes del mismo››[17]. Igualmente
es importante la propuesta de Manfred Max-Neef y su concepto de satisfactores,
porque además de plantear su apuesta por la posibilidad de ubicar el interés en
las necesidades humanas, propone un concepto como el de satisfactores que va
más allá de la sola posesión de bienes y servicios, para buscar su aporte al
bienestar humano. Su propuesta de
valorar los satisfactores en términos de su aporte o no a mejores vidas humanas es interesante. Para el
caso particular del ocio, la búsqueda de indicadores debe servir para conocer
las aportaciones que él y sus diferentes manifestaciones hacen al bienestar
humano. Es decir, aunque es posible y
de hecho así ha sido, evaluar el mayor desarrollo del ocio a través de
determinados criterios, por ejemplo el acceso al consumo y posesión de ciertos
bienes, lo cierto es que lo que interesa no es tanto si las
manifestaciones de ocio de ciertas
sociedades son mejores que otras, sino su aporte al bienestar humano. Como por
ejemplo pensar algunos referentes que permitan conocer los aportes del ocio al
bienestar humano en un grupo poblacional que no accede a la industria del ocio
a través del consumo. Si como plantea
Pattanaik la identificación de los economistas entre el bienestar de las
personas con la felicidad y la satisfacción de los deseos y la posesión de
bienes como la principal forma de conocer dicho bienestar, como mirar esto en
quienes no tienen dichos bienes. Parece
por tanto importante asumir que cuando lo importante es el bienestar
humano y el aporte que a éste hace el
ocio, el desarrollo del ocio por sí mismo no es garantía de ese aporte. LOS SATISFACTORES: UN REFERENTE HACIA LA CALIDAD DE LAS EXPERIENCIAS DE OCIO Una
primera relación del concepto de satisfactor con el mundo del ocio, es
necesaria. Si bien Max-Neef, dentro de
su matriz de necesidades y satisfactores presenta al ocio como una necesidad
asociada con satisfactores (formas de ser, hacer, tener y estar), una más
explícita relación con formas de ocio, parece ineludible. Para esta
primera relación, la propuesta de Manuel Cuenca[18],
de las dimensiones del ocio, puede ser un referente de gran ayuda pues permite,
a través de las definiciones de cada dimensión, ubicar actividades con sus
respectivas finalidades permitiendo una mayor claridad al momento de dar cuenta
de una actividad como satisfactor de lo que en este trabajo se ha considerado
como una necesidad humana. Cuenca
presenta cinco dimensiones: lúdica, ambiental-ecológica, creativa, festiva y
solidaria; que a su vez pueden ser relacionadas con ciertas clases de
satisfactores propuestos por Max-Neef. Igualmente el planteamiento de Cuenca
sobre la direccionalidad del Ocio, puede ser un elemento importante cuando se
mira el carácter endógeno o exógeno de los satisfactores. Un primer
ejercicio, permitiría por ejemplo relacionar las dimensiones lúdica y
ambiental-ecológica con la forma de un satisfactor singular (satisfactor
simple), que podría ser ubicado en una direccionalidad positiva, pero que por
tener una finalidad muy específica, en este caso descanso y diversión, se debe
desde el análisis, evitar presentarlos como satisfactores de otras necesidades
mucho más complejas. Dicho de otra
manera, una satisfactor singular que satisface la necesidad de subsistencia
(descanso fisiológico), no debería ser presentado como satisfactor de otras
necesidades como identidad, libertad o creación. Igualmente una actividad cuya finalidad puede ser ubicada en la
diversión, no puede ser propuesta, o al menos no debería serlo, como satisfactor
de otras necesidades como libertad, creación o participación pues se corre el
riesgo de caer en una situación como la que se lee en el mismo Cuenca ‹‹que la
diversión es algo positivo en cuanto procedimiento de descanso. El problema surge cuando la diversión, como
única referencia de ocio, se transforma en medio de manipulación y
enajenación››[19]. Una
situación como esta puede hacer que una actividad pase de ser un satisfactor
singular a ser seudo-satisfactor o incluso inhibidor. La
dimensión creativa tiene una clara relación con los satisfactores sinérgicos
(satisfactor complejo) y endógenos.
Este tipo de actividades y la forma como se realizan, garantizan que
además de satisfacer la necesidad de ocio, otras necesidades como el
entendimiento, la creación y la libertad se vean estimuladas. Igualmente la dimensión solidaria aparece
como una dimensión que se relaciona directamente con satisfactores de tipo
sinérgico y endógeno, que además de satisfacer la necesidad de ocio, genera el
desarrollo de otra como la participación. SÍNTESIS El ocio
como manifestación de lo individual y lo colectivo, debe estar en estrecha
relación con la realidad a la cual pertenece, buscando la identificación y
potenciación de mejores formas en la perspectiva de una mayor calidad de vida
de las personas. Lo más importante hoy
es definir qué queremos investigar, la forma o el cómo será un resultado de la
respuesta a la pregunta. Reconociendo que el número de manifestaciones de ocio
ofertadas no garantiza su relación con los beneficios que en términos de desarrollo
humano, una buena parte de nuestros esfuerzos deberán derigirse hacia la
calidad del ocio, entendida como su relación coherente con mejores formas de
vida. |
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[1] HENDERSEN, k.: Y2K: The challenges of leisure Research. World Leisure & Recreation,
N°4,26-30
1999..
[2] Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la Unesco, unesco, Madrid, 1997, p. 15.
[3] KELLY, J., Asuntos en el milenio. Una perspectiva global. En CUENCA, M., Ocio y desarrollo humano, Propuestas para el 6° Congreso Mundial de Ocio. Universidad de Deusto, Bilbao, 2000
[4] Cuenca, M., Ocio y Formación - Hacia la equiparación de oportunidades mediante la Educación de ocio, Documentos de Estudios de Ocio núm. 7, Universidad de Deusto, Bilbao, 1999, p. 19.
[5] RIECHMANN, J., Necesidades: algunas delimitaciones en las que acaso podríamos convenir, en RIECHMANN, J., (coord) Necesitar, desear, vivir, Libros de la Catarata, Madrid, 1998. p.16.
[6] NUSSBAUM, M., Capacidades humanas y justicia social, en RIECHMANN, J., (coord), Necesitar, desear, vivir, Libros de la Catarata, Madrid, 1998.
[7] Max-Neef, M., op. cit., p. 59.
[8] CUENCA, M.,Ocio y Formación - Hacia la equiparación de oportunidades mediantre la educación del ocio, Documentos de Estudio de Ocio núm 7, Universidad de Deusto, Bilbao, 1999. pp. 19, 20.
[9] NUSSBAUM, M., op. cit.
[10] DUMAZEDIER, J., Hacia una civilización del ocio, Estela, Madrid, 1964.
[11] CUENCA, M., Temas de Pedagogía del Ocio, Universidad de Deusto, Bilbao, 1995, pp. 58-79.
[12] Max-Neef, M., op. cit., 1994, pp. 40-41.
[13] Ibíd., p. 50.
[14] Ibíd. p. 42.
[15] Ibíd. p. 43.
[16] McKINLEY, T., Medida de la contribución de la cultura al bienestar humano: los indicadores culturales del desarrollo, en Informe Mundial sobre la cultura, Ediciones UNESCO/CINDOC, ACENTO EDITORIAL, Madrid, 1999, p. 322
[17] PATTANAIK, P., op. cit., pp. 33-34.
[18] CUENCA, M., Temas de Pedagogía del Ocio, Universidad de Deusto, Bilbao, 1995, pp. 58-79.
[19] Ibíd., p. 69.