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1. ANTECEDENTES
INSTITUCIONALES El Centro de Estudios en Recreación, Tiempo Libre y
Pedagogía Lúdica CERLIBRE – de FUNLIBRE, es la instancia de la Fundación
encargada de la orientación y generación de los lineamientos para abordar los
procesos pedagógicos y de formación para los planes y programas que se abordan
a nivel institucional en particular, y para el sector de la recreación en
general. Desde su inicio, la
Fundación ha propendido por el posicionamiento
de la recreación como una opción no sólo profesional o laboral, sino
además ha promovido que pueda ser considerada
como un proyecto de vida integral,
para todas aquellas personas interesadas y con vocación para aportar al
sector, y recibir de éste retribuciones profesionales, laborales, económicas,
personales y afectivas, por mencionar
tan solo algunas. En este sentido, la apuesta más grande que desde
Funlibre hemos hecho, es crear en un esfuerzo conjunto con
distintas instituciones, las condiciones por medio de las cuales, ese
posicionamiento de la recreación a nivel nacional, se realice por la vía de la
cualificación del talento humano que trabaja en y para el sector, de tal manera que la vivencia recreativa de los
colombianos cuente con las condiciones
de calidad que hagan real la generación de ambientes ricos y potenciadores para quienes participan en los programas
recreativos, independientemente de su
condición social, cultural, ó estadio de desarrollo. De esta manera, el quehacer de Funlibre en el área de la
educación formal y no formal, ha estado orientado a posicionarse como formadora
del talento humano del sector de la recreación y a cualificar a los mismos en
conocimientos, habilidades y actitudes que conduzcan al mejoramiento y
sostenimiento de la calidad de la vivencia que se hace posible a través de los
programas y servicios recreativos. En este orden de ideas, hemos buscado “aportar” a las
instituciones del sector talento humano competente para la gestión,
formulación, operación y evaluación de los programas, sustentado en un marco
ético y humanista del quehacer en el área. Bajo este objetivo, CERLIBRE, obtuvo la licencia de
iniciación de labores según la Resolución 5630 del 26 de Diciembre de 1994
expedida por la Secretaría de Educación de Bogotá. Desde entonces, hemos venido
formando talento humano en las áreas de Tiempo Libre, animación sociocultural,
formación de líderes y formación específica en el sector de la recreación en el
nivel de educación no formal. El avance en el estudio de los desarrollos curriculares en
el sector, nos han permitido que en un trabajo mancomunado con otras
instituciones, hayamos ampliado la oferta de servicios educativos, en la
perspectiva de abrir espacios de formación en los distintos niveles educativos,
de tal suerte que cualquier persona interesada en una proyección profesional en
el área, cuente con más ofertas para cualificar su perfil y lograr un mejor
posicionamiento tanto al interior del
sector como frente a otras profesiones o disciplinas. De esta manera, en la actualidad contamos con programas en
convenio en el nivel técnico profesional
como de especialización, en cuya formulación han participado
profesionales de diferentes disciplinas, y con el firme propósito de que en un
tiempo próximo podamos estar abriendo espacios de formación avanzada en los
campos de maestrías y doctorados. Estamos convencidos que la formación del recurso humano que
trabaja en el sector y sus áreas afines, debe orientarse por unos procesos
juiciosos de análisis crítico y
permanente de los desarrollos teóricos y metodológicos, que tanto a nivel
nacional e internacional se han realizado, de tal manera que su adaptación
responda a las necesidades de las
poblaciones y del sector en general, pero también pensando y proyectando el
impacto de las mismas sobre quienes serán los beneficiarios de sus acciones. Desde esta perspectiva, hemos querido compartir con ustedes
algunas de las experiencias que hemos tenido en la formulación de programas de
formación para el sector, circunscribiéndola al área de la educación no formal,
más con el ánimo de mostrar cómo los procesos de conceptualización teórica y
metodológica en el campo de la formulación curricular, pueden operacionalizarse
en planes de formación que parten de campos de formación específicos para el
sector, y que se encuentran mediadas por las estrategias establecidas en el
Plan Nacional de Recreación[1],
así como desde una mirada a la
recreación como sistema, de lo cual hablaré más adelante. 2. EL ENFOQUE: EL
ESTUDIO DE LAS COMPETENCIAS EN RECREACIÓN
Pensar en los procesos de formación para el sector de la
recreación, significa partir de la pregunta de cómo se piensa al ser humano. En
este sentido, toda propuesta curricular lleva implícita una visión de hombre,
de persona, en otras palabras y tal como lo afirma Roldán[2]: “el currículo es la expresión de un proyecto
humano, en la medida en que posibilita
a los sujetos abrirse al encuentro de nuevos horizontes en donde pueden reafirmarse como personas y
a la vez participar en la formación de un sentir propio del grupo social, en
coherencia con los postulados del proyecto histórico cultural del país, que se
apoya principalmente en los criterios
de la democracia participativa, en la
búsqueda de un desarrollo sostenible, sustentable y sostenido y en la responsabilidad solidaria.” Pág. 11 Desde esta definición del currículo, los programas de
formación que diseñamos para el sector parten del reconocimiento de la cultura
del entorno global e inmediato de los contextos en los que se implementarán, en
tanto el conjunto de signos y significados que circulan por los imaginarios
colectivos, en cuya diversidad son los
que permiten la construcción de valores, conceptos y la estimulación de
pensamientos críticos y creativos. Por ello consideramos que el ejercicio de formulación de
programas de formación para el sector es un asunto ético, es decir, es algo que
trasciende los límites de la simple formación en conocimientos y
habilidades, para convertirse en
mediadora de procesos reflexivos que permitan a las personas cuestionar y
comprender el papel que como facilitadoras de procesos de desarrollo social y humano, se juegan en su quehacer profesional o laboral, en el sentido de
que el rol en la interacción social, plantea una exigencia alta en cuanto a ser
modelo y sujeto facilitador de la formación social. De esta manera, partimos del supuesto de la responsabilidad
social y ética de las personas que trabajan en el sector, en la perspectiva de
fortalecer los proceso de re – creación y re - significación de los ambientes y entornos naturales de las personas,
por medio del diseño de actividades, programas, planes y ambientes en los
cuales la recreación sea realmente un medio para la generación de posturas
críticas y autoreflexivas de la realidad social en la que se vive. Partimos entonces del convencimiento que la calidad de los
programas y servicios en recreación
dependen de manera directa y fundamental de la calidad de las personas que los
hacen posibles, para lo cual se hace indispensable una preparación y actualización
permanente que conduzca a la renovación de conceptos, metodología y prácticas
que estén acordes con las demandas del
medio y por lo tanto de las necesidades de los beneficiarios directos de los
programas. De esta manera se entiende que, al estar inmersa dentro de un contexto social, la recreación está
sujeta a las influencias de factores como el ideológico, el político, económico
y el social que la sujetan a transformaciones de ese entorno y en el cual ella
puede actuar como un agente mediador del desarrollo, en pro de unas mejores condiciones
de vida y de bienestar a través de la satisfacción de necesidades existenciales
básicas del hombre. Es desde esta perspectiva
que la recreación como un sistema complejo mediado por los elementos
culturales, se juega un papel determinante al momento de la planeación de programas de formación en el sector, pues
debemos atender a esa multiplicidad de factores que hacen que los
programas, adquieran unas
características singulares por el contexto social e histórico de los
participantes. De allí que el proceso de
planeación curricular deba estar orientado por una reflexión pedagógica que
constantemente indague por el sentido de esas prácticas educativas, los fines
que persigue, los medios y dispositivos que empleará para la puesta en marcha
de los planes de estudio, de los sistemas de evaluación que empleará y de la
interpretación de los resultados que se obtengan durante y al final del
programa. Como práctica educativa,
la recreación tiene la capacidad de intervenir sobre las formas de ver, de
interpretar y de orientar las prácticas sociales de los participantes en su
contextos mediatos e inmediatos de vida, con un concepto ético- político
transformador, en el sentido en que Ramírez [3]
lo refiere. Al respecto los ejercicios que realizamos desde la Fundación,
indagan por los contextos inmediatos de las personas que participarán en los
programas, nos preguntamos quiénes son, en donde viven, cuáles son las
condiciones económicas a las que están sujetos, cuál es la situación social por
la que atraviesan, con qué saberes cuentan desde su experiencia o desde la
formación en otros disciplinas u oficios, qué recursos individuales, comunitarios, ambientales tienen, cuáles son
sus expectativas y sus proyectos de vida,
de tal manera que en una combinación sinérgica entre estos y nuestros
saberes, podamos estructurar planes de
formación que les abran posibilidades de cambio y de transformación por medio
de la lúdica, el juego y la recreación.
Esto nos permite contar
con currículos flexibles, en la medida en que estamos atentos a lo que se
produce durante la puesta en marcha de
los programa, de tal forma que esas dinámicas que generan en el proceso pedagógico, sirvan tanto para la realización
de los ajustes necesarios, como para la
retroalimentación en relación con el manejo metodológico y conceptual en el que
éstos se sustentan. Para nosotros es claro que
si bien la recreación no puede magnificarse en el sentido de poder intervenir
de manera contundente sobre todas las
variables que nos afectan como personas inmersas en un contexto particular, sí
sabemos que como acto educativo no es neutral y que de hecho tiene una
intencionalidad, bien para mantener
estructuras sociales o bien para intentar cuestionarlas desde la vivencia de
los participantes. Con base en estos
orientadores, la planeación curricular que adelantamos para todos los
programas, incorpora procesos básicos tales como: ·
El reconocimiento de las
necesidades de formación en el entorno: al respecto podemos señalar que un
primer punto de partida lo constituyen los diagnósticos que se han realizado
para el sector en los últimos años, para observar las tendencias regionales y
locales que se muestran en los mismos, lo que hace por una parte que los procesos que hemos adelantado en una validación
conjunta para el sector se reviertan en insumos reales de referencia para la
planeación, y por otra a generación de propuestas para la atención a esas de esas necesidades detectadas. De
la misma manera, el proceso de planeación se complementa con una aproximación
más puntual a las necesidades: a)
institucionales: en el sentido de fortalecer la capacidad de oferta de
servicios cualificados del talento humano con el que cuentan las instituciones
interesadas en los programas; b) de los participantes o estudiantes del
programa, en término de los perfiles exigidos por sus roles y de sus
expectativas; y c) de las poblaciones beneficiarias de las acciones recreativas
que se originan como producto del desarrollo de las competencias de dichos
proceso de formación. ·
La estructuración del
plan curricular con base en los anteriores resultados ·
La operacionalización de
la propuesta curricular en un plan de estudios coherente y basado en el
desarrollo de competencias en tres dimensiones: el ser, el saber y saber hacer.
·
La puesta en marcha de
ese curriculo ·
La medición de logros a
través de un sistema de evaluación integral
e integrado. Este procedimiento es
genérico para la formulación programas de formación para cualquier disciplina;
lo que hacemos en la Fundación es caracterizarlo a partir del análisis de
las competencias requeridas de manera
específica para el talento humano que trabaja en el sector, en las cuales
aparecen unas amplias posibilidades para su manejo, pero todas convergen en
relación a la misión social que se persigue. Tal como lo anota Boyatzis, las
competencias pueden consistir en motivos, rasgos de carácter, conceptos de uno
mismo, actitudes, valores, contenidos de conocimientos, o capacidades
cognoscitivas o de conducta: cualquier
característica individual que pueda medirse de un modo fiable, y que se pueda
demostrar que diferencia de una manera significativa entre los trabajadores que
mantienen un desempeño excelente de los adecuados. De esta manera, las
competencias se definen como aquellos conocimientos, (incluida la capacidad de
comprensión y aplicación), habilidades y actitudes que tanto el profesional
como el no profesional de la recreación ha de tener. En este orden de ideas es
claro que no basta con la simple descripción de las tareas que debe realizar una persona, el proceso de
definición debe responder a una
observación integral y global del conjunto de características actitudinales ,
comportamentales y cognoscitivas que se quieren desarrollar. La construcción de un modelo de competencias exige un nivel de análisis alto en términos de lo que el logro de determinados resultados requiere, por ello se sugiere un juicioso proceso de observación y rigurosidad debido a que las competencias deben tener criterios de calidad aplicables a ellas y ser relativamente discretas para obtener información confiable[4]. Como se puede apreciar, la formulación de competencias supera los procedimientos tradicionales de
descripción de las funciones y requerimiento de los mismos, y ante todo requiere de la
operacionalización de los resultados esperados y de la construcción de
indicadores que permitan a las organizaciones adaptarse a los cambios del
entorno interno y externo[5]. Es en este
sentido en el que la diversidad de las manifestaciones culturales, permite el
establecimiento de diferencias que conforman la especificidad del “hacer”, de
la importancia del “ser” y de las necesidades particulares del “saber”,
dimensiones sobre las que trabajan las propuestas curriculares de la Fundación,
con el fin de abordar de manera integral la formación del talento humano del
sector. Las categorías de
competencias en estas tres dimensiones, se traducen en áreas de formación o
temáticas, las cuales a su vez responden a las diferentes variables consideradas en la recreación como sistema.
En general, la teoría curricular existente ha identificado los campos de
formación en recreación que se muestran en el Cuadro 1, los cuales son nuestro
punto de referencia para el diseño de los
programas, que cruzadas con los sectores de la recreación, áreas de
efectividad y las categorías de competencias, posibilitan la oferta de
servicios educativos de una manera pertinente.
Desde esta mirada hemos
venido adelantando los procesos para el diseño curricular de los programas que
ofrecemos en los distintos niveles de formación, de tal manera que más que un
instrumento de programación, este diseño se nos ha convertido en un enfoque a
partir del cual se hace la programación, y por lo tanto orienta la forma de
operativizar su intencionalidad, es decir de saber qué queremos lograr, el cómo
lo hacemos y el por qué y para qué de los programas, manteniendo el marco axiológico que atraviesan
también intencionalmente dichos
procesos. De allí que frente a cada nueva propuesta sentimos
que es un nuevo ejercicio de armado, en el sentido en que cada paso del proceso
es una ficha que debe encajar adecuada y perfectamente con las otras. Así por ejemplo, para un diplomado en pedagogía lúdica
dirigido a madres comunitarias de la región del Putumayo, realizamos todo un
proceso de concertación con las instituciones participantes (en este caso
Comfamiliar del Putumayo y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar), que
partió del reconocimiento de los diagnósticos locales, las necesidades de las
instituciones, el análisis de los perfiles de las madres comunitarias, los
objetivos del programa y su impacto sobre los procesos de desarrollo integral
de la niñez, por mencionar tan solo algunos. Cuadro 1.
Campos de formación en recreación
De esta manera se
priorizaron las áreas o campos de
formación que debían orientar el programa y se establecieron las
competencias particulares en cada uno
de ellos, de tal manera que la
estructuración del plan de estudios,
respondiera de manera puntual a lo que en su ejercicio diario el grupo de
madres requería. Para este programa, era
importante atender a la heterogenidad que el grupo en su conjunto presentaba,
en términos de los niveles de formación
y la diversidad de procedencias y experiencias de vida, que conjugadas con la
situación social, económica y política en la que se encuentra el Putumayo, exigía
que el programa desarrollara unas competencias particulares, que fueran mucho
más allá de la simple presentación de
conceptos, técnicas o metodologías puntuales para su trabajo. Aunque podríamos mencionar
muchos otros aspectos que aparecieron en el proceso, simplemente queremos
mostrar cómo esos postulados de la reflexión en torno a lo pedagógico, se revierten sobre las condiciones de
realidad de los beneficiarios de nuestros programas. Preguntas tales como:
¿cómo podemos lograr que las madres comunitarias, más allá del desarrollo de habilidades para el manejo de las
técnicas de recreación y de las dinámicas de grupo, potencien las posibilidades
del juego y la lúdica como mediadores
del desarrollo integral de los niños?
¿cómo aprovechar los saberes que habitan desde la diversidad cultural de
sus diversas procedencias, en la generación de espacios pedagógicos
para la consolidación de identidad nacional en el trabajo con los niños? ¿cómo
potenciar la capacidad de trabajo en equipo para fortalecer la gestión
que, como grupo las han caracterizado?,
y así muchas otras que nos iban dando las pistas para la definición de las
competencias en cada campo de formación y por lo tanto en la orientación
metodológica y de contendidos a abordar en el programa. De esta manera, la
estructura curricular del programa quedó diseñada de la siguiente manera
Y a su vez las
competencias definidas en los campos de
formación en su conjunto así:
¿Qué hace que el énfasis
en la formación de un diplomado como
este estuviera orientado por los campos
de formación en fundamentos, planeación y operación de programas?. Por un lado,
parte de la respuesta está dada en la descripción del proceso que hemos
mencionado, y por otro el pensar que como programa de educación no formal
pretende profundizar en un campo de conocimiento específico. Tal vez si este programa
tuviera que pensarse en la línea de una especialización, muy seguramente las
líneas de énfasis para la estructuración del programa tendrían que incluir otros campos de formación como por
ejemplo el marco legal y jurídico, la evaluación de programas con una
mayor intensidad y profundidad, una perspectiva más amplia de la planeación, ya
no en términos de actividades sino de formulación de planes y programas, una
metodología y unas intencionalidad diferente,
pero convergente en el papel social que se encuentra implicado en ella. Lo que es más importante
quizá, es que no perdamos el horizonte
de sentido que buscamos a través de los programas de formación en recreación,
porque no importa si se trata de un curso corto en términos de días, de un
proceso más largo en el tiempo como en el caso de los diplomados, las
especializaciones y en general en la
educación formal, cualquiera de ellos va a tener un impacto sobre las personas,
las dinámicas culturales o institucionales, y es ahí donde justamente tenemos
un compromiso ético y social. CONCLUSIONES El diseño de planes de formación en recreación
es un ejercicio que nos compromete profesional y socialmente. Romper con las
estructuras tradicionales en las que nos hemos formado desde muy temprano en la vida nos obliga a
cambiar, y toda propuesta de cambio genera en primera instancia resistencias. Y para poder cambiar
necesitamos nuevos marcos de referencia conceptuales y metodológicos, lo que se revierte en ejercicios
disciplinados a los que en algunos casos no estamos acostumbrados. Sin embargo,
si nuestra opción es seguir apostando al posicionamiento de la recreación como política pública social,
tenemos el imperativo de establecer marcos comunes de referencia para poder garantizar la calidad de la vivencia recreativa;
debemos establecer códigos, un lenguaje
común que nos permita una mayor
comprensión de los procesos pedagógicos que están inmersos en nuestras
prácticas educativas, para desde allí poder establecer los indicadores de logro
y de calidad que nos permitan mostrar
el aporte de la recreación a los procesos de desarrollo humano y
social. |
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